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Historia del balonmano: del campo al aire libre a la pista olímpica

Por HoyJugamos 4 min de lectura
Jugador de balonmano saltando para lanzar a porteria en un pabellon, con el portero defendiendo la meta.

El balonmano es uno de los deportes de equipo más rápidos que existen: siete contra siete, muchos goles y un ritmo que no para. Pero no siempre fue así. Nació al aire libre, en un campo enorme parecido al de fútbol, y tardó décadas en convertirse en el juego de pista cerrada que conocemos. Esta es la historia de cómo el balonmano pasó del prado a la cancha, y por qué ese viaje explica el deporte de hoy.

Un origen doble en el norte de Europa

El balonmano no tiene un único inventor ni una única fecha. Surgió casi a la vez en dos países del norte de Europa a principios del siglo XX, con la misma idea básica: un juego de equipo en el que la pelota se maneja con las manos, no con los pies.

En Dinamarca, el profesor Holger Nielsen puso por escrito unas reglas de "haandbold" hacia 1906. En Alemania, poco después, Max Heiser y sobre todo Carl Schelenz dieron forma en torno a 1917-1919 al handball que se jugaría en campo grande. Dos países, una idea parecida, casi al mismo tiempo: por eso se suele hablar de un origen compartido y no de un padre único.

El balonmano de once, al aire libre

La primera versión que se popularizó no se parecía mucho a la de ahora. Se jugaba al aire libre, en un campo del tamaño de uno de fútbol, con once jugadores por equipo. Era un deporte de espacios grandes, carreras largas y porterías separadas por decenas de metros.

Ese balonmano de once llegó a ser deporte olímpico una sola vez: en los Juegos de Berlín 1936, con torneo masculino disputado sobre hierba. Durante un tiempo convivieron las dos versiones, la de campo y una más reducida bajo techo.

Partido antiguo de balonmano de once al aire libre sobre hierba: un jugador salta a lanzar la pelota con la mano hacia una porteria.

Del campo a la pista: el giro que lo cambió todo

La clave de toda la historia está en el clima. En los países nórdicos, los inviernos largos y fríos empujaron a meter el juego bajo techo, en pabellones. Y en un espacio más pequeño, el balonmano de once no cabía: había que reducir el número de jugadores.

Así nació el balonmano de siete, en pista cerrada, que es el que hoy llamamos simplemente balonmano. El cambio no fue solo de tamaño: al jugar en menos espacio, todo se volvió más rápido, con más goles, más contacto y más espectáculo. La versión de pista gustó tanto que acabó comiéndose a la de campo, que fue desapareciendo poco a poco.

El salto internacional

Con el juego de siete ya asentado, llegó la organización. En 1946 se fundó la Federación Internacional de Balonmano (IHF), que unificó reglas y competiciones a escala mundial.

El reconocimiento definitivo llegó en los Juegos Olímpicos: el balonmano de pista entró en el programa masculino en Múnich 1972 y en el femenino en Montreal 1976. Desde entonces es un fijo de cada edición y uno de los deportes de sala más seguidos.

Y en España

En España el balonmano arraigó con fuerza, sobre todo en colegios, clubes y polideportivos, y con los años la selección se convirtió en una de las potencias mundiales. Hoy es uno de los deportes de equipo con más practicantes federados del país, y encontrar un partido o una liga amateur cerca de casa es más fácil de lo que parece.

Primer plano de la mano de un jugador de balonmano sujetando con una sola mano el balon, que cabe en la palma.

Por qué esta historia explica el juego de hoy

Cuando entiendes de dónde viene, el balonmano actual tiene todo el sentido:

  • Son siete y se juega en pista porque el frío nórdico obligó a meterlo bajo techo y a recortar el campo.
  • Es rápido y con muchos goles porque, al reducir el espacio, el juego se volvió directo y vertical.
  • La pelota se maneja con las manos desde el primer día: esa fue la idea fundacional, tanto en Dinamarca como en Alemania.

Del prado de hace un siglo a la pista de tu polideportivo hay una línea directa. Y lo mejor es que sigue siendo un juego sencillo de empezar: una portería, una pelota que cabe en la mano y ganas de correr.

Si te han entrado ganas de probarlo, repasa primero las reglas básicas del balonmano, aprende a lanzar con el lanzamiento paso a paso y, si te toca defender la meta, mira cómo se para en la portería más difícil. Luego, a la cancha.

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